Alevosía y ensañamiento

«X1°.- En el único motivo por el fondo, la Licda. G. S. en representación del Ministerio Público, alega violación por aplicación indebida del artículo 111 y falta de aplicación del artículo 112 inciso 3) del Código Penal. Señala que de los hechos probados se desprende que «…los encausados actuaron sobre seguro, a resguardo de la posible defensa que ejerciera el ofendido sosteniéndolo uno de ellos, de una mano y de un pie, en tanto los otros lo «mataban». Agrega que el argumento del tribunal, al descartar la alevosía porque el ofendido estaba informado del posible ataque, no es atendible porque el acecho tendiente a tomar a la víctima desprevenida es sólo una de las formas posibles de la alevosía pero no la única, ya que hay otras variantes que no implican tomar por sorpresa al perjudicado […]. Agrega, que la conducta descrita por el Tribunal es constitutiva del delito de homicidio agravado. Consecuentemente, solicita que se case la sentencia. El reclamo es procedente. En efecto, según se desprende de los hechos que se tuvieron por demostrados, cuando el ofendido trataba de huir fue acorralado contra una pared por los imputados y otros menores, sitio en el cual fue inmovilizado y brutalmente golpeado en la cabeza y en todo su cuerpo. Mientras unos imputados lo sujetaban otros lo golpeaban. Acto seguido»…el encartado O. sacó el revólver mencionado, que portaba y apuntó al perjudicado R. y disparó, contra éste, hiriéndole en el hemitórax izquierdo, bajo la clavícula y no contento con esto, el imputado O. le propino diez estocadas con el puñal que llevaba, en distintas partes del tórax, a pesar del disparo y las puñaladas mencionadas, los imputados R. y G., continuaron golpeando al ofendido R. Mientras J. C. lo sujetaba, e incitaba a O. que siguiera apuñalando al ofendido, mientras el ofendido suplicaba que dejaran de agredirlo pero los encartados siguieron golpeándolo, con el fin de que R. J. muriera. Que una vez que los imputados se cansaron de golpear al ofendido se fueron del lugar para ocultarse…» […]. Según lo expuesto, de los hechos acreditados se desprende como la víctima se ve sometida a una terrible golpiza previa, y cuando estaba en un estado de absoluta indefensión le disparan con un arma y además le incrustan en el tórax diez puñaladas, lo que el Tribunal califica de «masacre» […]. Pese a lo expuesto el tribunal concluye que no concurren los supuestos del ensañamiento y -además- que el ofendido «estaba sobre aviso», por ende que al estar ausente el acecho falta -en su criterio- un elemento esencial que impide que se configure la agravante de la alevosía. Por lo anterior excluyen la existencia de la agravación del inciso 3 del articulo 112 del Código Penal. Esa argumentación del tribunal no es atendible. El ensañamiento consta de un elemento psíquico, entendido como la intención de causar deliberadamente males innecesarios para la ejecución del delito, y de un elemento objetivo constituido por el tipo de acciones ejecutadas para provocar el sufrimiento. Ciertamente no estaremos en presencia de la agravante sólo porque se le hayan ocasionado múltiples heridas a la víctima, que podría ser el caso típico del homicidio pasional. El ensañamiento requiere una idea, una circunstancia subjetiva, que precisamente consiste en ese propósito deliberado de causar daño de más por crueldad. El homicidio con ensañamiento requiere también que la víctima se encuentre aún con vida, y que ya indefensa, sufra por la acción del homicida dolores innecesarios, que no son imprescindibles para provocar la muerte (Véase Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia, V- 508-F, de las 9:50 hrs del 6 de marzo de 1995, entre otros). De los hechos probados en la sentencia se observa que los imputados actuaron en grupo y se abalanzaron sobre el cuerpo del ofendido para golpearlo en diferentes partes. Al inmovilizarlo G. R. procede a golpearlo con un tubo metálico por la cabeza, mientras J. C. C. lo sujeta y a la vez lo golpea con una piedra en la frente Luego el imputado O. C. lo golpea, le dispara y lo hiere repetidamente con un cuchillo […]. El deseo de causarle la muerte provocándole un sufrimiento innecesario, no sólo se desprende de la manera como lo inmovilizan y golpean brutalmente, sino como disfrutan produciéndole lesiones aún cuando estaba indefenso y herido de bala. Además, de acuerdo con el fallo, los imputados le insistían a O. C. que le introdujera el cuchillo a su víctima, lo que efectivamente hace en repetidas ocasiones. En consecuencia no podemos excluir el ensañamiento en la conducta de los imputados, ante el brutal y cruel ataque al que sometieron a su víctima.

X11°.- Lo expuesto en el considerando anterior sería suficiente para declarar con lugar el recurso del Ministerio Público. Sin embargo, respecto de la alevosía deben hacerse también otras consideraciones. En la antigua legislación española e italiana se hablaba de dos tipos de alevosía, uno de las cuales se denominaba homicidio «proditorio», donde el homicida se ganaba la confianza de la víctima para poder ultimarla sobre seguro. En este supuesto hay un ocultamiento moral. En el segundo tipo, denominado homicidio «per aguato» de la antigua ley italiana, hay un ocultamiento material o físico del sujeto. Éste se esconde, se embosca, esperando el paso de la víctima para darle muerte sobre seguro. Hoy son reconocidas otras formas de alevosía, en especial tomando en cuenta las especiales circunstancias de indefensión en que la víctima puede encontrarse, que son aprovechadas por el agresor para realizar el homicidio. La jurisprudencia ha establecido que existe alevosía en los casos en que la víctima estaba de espaldas o indefensa (así Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia, V-127 F, de las 9:15 horas del 10 de marzo de 1995), también lo admite la doctrina, cuando estando la víctima enferma no puede ofrecer resistencia. Esta condición de la víctima hace innecesario que los autores del hecho tengan que obrar emboscados. Desde este primer punto de vista no puede descartarse la alevosía cuando la víctima no ignora la presencia de su agresor, pues la indefensión de la víctima es un supuesto que también le permite al victimario actuar sobre seguro y eso solo basta para configurarla, siempre que el homicida se haya aprovechado dolosamente de ese estado para actuar sobre seguro o minimizando cualquier reacción defensiva de aquella o de un tercero. Como se expuso arriba, el Tribunal realiza una valoración congruente de la prueba al señalar la manera como el occiso fue inmovilizado por los imputados, quienes le disparan y apuñalean actuando sobre seguro hasta lograr su muerte. En tales circunstancia, bastó para la configuración de la agravante el haber aprovechado los imputados las condiciones en que se encontraba la víctima, pues no se detuvieron ante sus súplicas y por el contrario continuaron su despiadado ataque al extremo de ocasionarle múltiples heridas […], con las consecuencias conocidas, todo sin ningún riesgo para ellos. Por lo expuesto debe declararse con lugar el recurso del Ministerio Público, pues el homicidio fue calificado por ensañamiento y alevosía.» 1996. SALA TERCERA DE LA CORTE, N0 560-F de las 9,15 hrs. del 27 de setiembre.

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