Primera soledad, la soledad

En cada una de mis soledades busco el lugar en que comienza ésta u otra historia de colores. En alguna de ellas está el sitio en que fue fundado el mundo. Acaso en mi primera soledad, aquella de colores puros, el mundo era un racimo de uvas sin el azul que ronda a los caprichos. En mi primera soledad hay un mensaje escrito en el delirio del crepúsculo, cifrado en la ruta de todos los barcos que pasaron frente a mi casa, el espacio que dibujó la estrella del diluvio al final del verano. Primera soledad, la soledad. Primer vestido de la señorita tarde, ceñido en gris y adornado para el extravío, la corona de espinas y un bastón de fuego para la investidura de la rei­na del otoño. Después, las soledades, las otras soledades, mi refugio, lugar en que apareces con tu mundo que late en una casa.

(Franco Chico)

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