Poema 1

A veces tu voz pálida de niña emigrada
viene de ayer ceñida inmóvil en la niebla,
delgado pájaro nocturno, nudo agónico
doblando el tiempo a través de las cosas.

Yo la veo venir de lo que siempre queda,
alada de reciente gravedad nocturna
como tumbando pájaros de ondas incesantes
que la afectaran volando.

La noche se reúne de veleros lanzados
y antes, antes recogí estrellas en la mano.

A veces yo te llamaba como persiguiéndote,
estirando la voz en lo que el eco ocupa.
Te buscaba en la noche con loco desorden,
con la tremenda agonía de la tempestad,
pero apenas, apenas huía en tu ayuda
como un niño solitario de gigantes visiones.

Muchas veces en mí te sentí oculta
como una rosa concebida con un día interior
en la discreta transparencia de la luz
a verte nadie el ser que hizo el universo.

Y se unen en ti los mundos de mi mano,
se levantan los vientos que serán mañana.

Y me miro en tu gracia de niña enamorada.

(Franco Chico)

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Un pensamiento en “Poema 1

  1. Respondo con mi verso.
    Miami, Florida
    Septiembre 23, 2004

    Regalos para Isabella de su abuela cubana.

    Para que no me olvides, Isabella,
    te traje un frasco con agua azul de Varadero,
    los colores de una tarde en primavera,
    un sombrero de guano y un pañuelo.

    Un zunzún y dos tomeguines en jaula de oro,
    un ramo de jazmines y blancas mariposas,
    dos maracas, una rumba y un bolero,
    una bella pulsera de nácar y coralina roja.

    Te traje el alegre pregón del manicero,
    la fresca brisa de la madrugada,
    un verso de Martí, mis fotos viejas,
    y un cofre con estrellas y luceros.

    Para que no me olvides y sepas que te quiero,
    te traje de mi isla la alegría,
    el arco iris después del aguacero,
    ajonjolí, melcocha y gaseñiga.

    La luna me prestó hilos de plata,
    un rayo de sol se desprendió del cielo,
    la espuma del mar me regaló su velo,
    y se tiñó para ti el cielo de escarlata.

    Y todos sabían de la abuela y de Isabella,
    en la preciosa isla de bellas caracolas.
    Hubo un triste adiós y se izaron las velas,
    se escondió el sol y salió volando una paloma.

    Martha Pardiño

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