Octaedro I

Cómo llegaste a mí, pequeña lámpara
que devolvió a mis ojos extraviados
la luz de mi país y, en vago hechizo,
la poesía ardiendo en mi camisa;
que, acaso navegando desde el norte,
entre las aventuras cotidianas,
ardió hasta las alturas de la piedra
capturando el relámpago cimbrado.

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